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Cómo vender un empleado de IA

Lección 2 de 6 · Intermedio · 7 min

La conversación de descubrimiento

Las preguntas que convierten una charla amable en una venta: cómo hacer que el dueño calcule él mismo lo que le cuesta el problema.

Qué vas a lograr

Vas a tener seis preguntas que hacen que el propio dueño ponga el número sobre la mesa.

Hay una diferencia enorme entre que tú le digas cuánto pierde y que lo calcule él. Cuando el número lo dice él, ya no hay nada que discutir: sólo queda decidir qué hacer al respecto.

Las seis preguntas

  1. «¿Cuántos mensajes te entran al día por WhatsApp?»

    Casi nadie lo sabe con precisión y casi todos subestiman. Que abra el teléfono y mire. Es el primer momento en que el problema se vuelve concreto.

  2. «¿Quién los contesta?»

    La respuesta suele ser «yo, cuando puedo». Ahí está el dolor: alguien que debería estar dirigiendo el negocio está contestando precios a las once de la noche.

  3. «¿Qué te preguntan casi siempre?»

    Precio, horario, disponibilidad, dirección. Lo mismo, todo el día. Esto además es material de trabajo: te acaba de dictar la mitad del conocimiento del montaje.

  4. «¿Cuánto te deja un cliente nuevo?»

    El número que hace falta para todo lo demás. Déjalo que lo diga y no lo redondees por él.

  5. «¿Cuántos crees que se te van por no contestar a tiempo?»

    Aquí el dueño hace la multiplicación solo. Y casi siempre se sorprende, porque nunca la había hecho.

  6. «¿Qué has intentado?»

    Si probó un bot y salió mal, necesitas saberlo antes de la demostración: vas a estar peleando contra ese recuerdo y conviene nombrarlo tú primero.

Las seis preguntas del descubrimiento en orden, y cómo la cuarta y la quinta forman juntas la cuenta que el dueño hace solo
Las seis, en orden. La cuarta y la quinta son la misma cuenta partida en dos: hazlas seguidas y déjalo que multiplique él.

Escucha lo que no es el precio

Muchas veces el dolor real no es la venta perdida. Es que el dueño no puede desconectar nunca, o que su pareja se queja de que está con el teléfono en la cena, o que se fue de vacaciones y volvió a doscientos mensajes sin leer. Ese dolor no aparece en ninguna hoja de cálculo y cierra más ventas que cualquier cálculo.

Si aparece, no lo pases por alto para volver a tus argumentos: quédate ahí. Es el motivo de compra más fuerte que vas a encontrar.

Cierra el descubrimiento resumiendo

Antes de mostrar nada, devuélvele lo que te dijo: «Entonces te entran unos cuarenta mensajes al día, los contestas tú entre paciente y paciente, y calculas que se te caen dos o tres turnos por semana por responder tarde. ¿Es así?» Cuando dice que sí, la demostración deja de ser una presentación y pasa a ser una respuesta.

Siguiente lecciónLa demostración en vivoEl guion de la demostración que cierra: qué mostrar, en qué orden, qué no explicar nunca y cómo usar a Peter cuando no tienes el montaje del rubro listo.